Esta es una
carta que Manuela Saenz le escribe a su esposo ingles, del cual nunca estuvo enamorada. En la misma, intenta hacerle
entender que no lo quiere más y que es Simón Bolívar el hombre de su vida.
Octubre de 1823
¡No,
no, no, no más, hombre, por Dios ¿Por qué hacerme usted escribir
faltando a mi resolución? ¿Y Vamos, qué adelanta usted? sino hacerme
pasar por el dolor de decir a usted 1.000 veces NO. Señor, usted es
excelente, es inimitable... jamás diré otra cosa sino lo que es usted;
pero mi amigo, dejar a usted por el general Bolívar es algo, dejar a
otro marido sin las cualidades de usted, sería nada. ¿Y usted cree que
yo, después de ser la querida de este señor por 1 año y con la seguridad
de poseer su corazón prefiriese ser la mujer del Padre, Hijo o Espíritu
Santo? ¡E! Ni la Santísima Trinidad ? Y Si algo siento es que no haya
sido usted mejor para haberlo dejado.
Yo sé muy bien que nada puede unirme a él bajo los auspicios de lo que
usted llama honor. ¿Y me cree usted menos honrada por ser mi amante y no
mi marido? ¡A! Yo no vivo de las preocupaciones sociales inventadas
para atormentarse mutuamente. Déjeme usted, mi querido inglés. Hagamos
otra cosa. En el cielo nos volveremos a casar, pero en la tierra NO.
¿Cree usted este convenio malo? Entonces diría yo que era usted muy
descontento, en la Patria celestial pasaremos una vida angelical y toda
espiritual (pues como hombre, usted es pesado) allí todo será a la
inglesa pues la vida monótona está reservada a su nación. En amores digo
pues en lo demás quién más ágiles para comercio y marina, el amor les
acomoda sin placeres, la conversación sin gracia y el caminado despacio,
saludar, con reverencia; levantarse y sentarse con cuidado, la chanza
sin risa, estas son formalidades divinas; pero yo, miserable mortal, que
me río de mí misma, de usted, de estas seriedades inglesas, qué mal me
iría en el cielo, tan mal como si fuesea a vivir en Inglaterra o
Constantinopla, pues me deben estos lugares el concepto de tiranos con
las mujeres, aunque no lo fue conmigo, pero si fue más celoso que un
portugués, eso no lo quiero yo…
… ¿no tengo buen gusto? Basta de chanzas formalmente y sin reírme y con
toda la seriedad, verdad, pureza de una inglesa digo que no me juntaré
más con usted. Usted anglicano y yo atea es el más fuerte impedimento
religioso, el que estoy amando a otro y no a usted, es el mayor y más
fuerte, no ve usted con qué formalidad piensa su invariable amiga.