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martes, 28 de agosto de 2012

"Las grandes ausencias matan el amor; y aumentan las grandes pasiones."





Carta de Manuela Sáenz a Simón Bolívar

Señor:
Estoy muy boba y enferma. Cuán cierto es que las grandes ausencias matan el amor; y aumentan las grandes pasiones. Usted me tendría muy poco amor, la gran separación lo acabó; pero  yo por usted tuve pasión, que ésta la he conservado por conservar mi reposo y mi dicha, que ella existe y existirá mientras viva.

Manuela.

lunes, 23 de abril de 2012

"Le guardo la primavera de mis senos y el envolvente terciopelo de mi cuerpo (que son suyos)."





“Mi genio, mi Simón, amor mío, amor intenso y despiadado. Sólo por la gracia de encontrarnos daría hasta mi último aliento, para entregarme toda a usted con mi amor entero; para saciarnos y amarnos en un beso suyo y mío, sin horarios, sin que importen el día y la noche y sin pasado, porque usted, mi señor es el presente mío cada día, porque estoy enamorada, sintiendo en mis carnes el alivio de sus caricias.
Le guardo la primavera de mis senos y el envolvente terciopelo de mi cuerpo (que son suyos).”

Su Manuela.

viernes, 9 de marzo de 2012

"Dejar a usted por el general Bolívar es algo, dejar a otro marido sin las cualidades de usted, sería nada."

Esta es una carta que Manuela Saenz le escribe a su esposo ingles, del cual nunca estuvo enamorada. En la misma, intenta hacerle entender que no lo quiere más y que es Simón Bolívar el hombre de su vida.


Octubre de 1823


¡No, no, no, no más, hombre, por Dios ¿Por qué hacerme usted escribir faltando a mi resolución? ¿Y Vamos, qué adelanta usted? sino hacerme pasar por el dolor de decir a usted 1.000 veces NO. Señor, usted es excelente, es inimitable... jamás diré otra cosa sino lo que es usted; pero mi amigo, dejar a usted por el general Bolívar es algo, dejar a otro marido sin las cualidades de usted, sería nada. ¿Y usted cree que yo, después de ser la querida de este señor por 1 año y con la seguridad de poseer su corazón prefiriese ser la mujer del Padre, Hijo o Espíritu Santo? ¡E! Ni la Santísima Trinidad ? Y Si algo siento es que no haya sido usted mejor para haberlo dejado.

Yo sé muy bien que nada puede unirme a él bajo los auspicios de lo que usted llama honor. ¿Y me cree usted menos honrada por ser mi amante y no mi marido? ¡A! Yo no vivo de las preocupaciones sociales inventadas para atormentarse mutuamente. Déjeme usted, mi querido inglés. Hagamos otra cosa. En el cielo nos volveremos a casar, pero en la tierra NO. ¿Cree usted este convenio malo? Entonces diría yo que era usted muy descontento, en la Patria celestial pasaremos una vida angelical y toda espiritual (pues como hombre, usted es pesado) allí todo será a la inglesa pues la vida monótona está reservada a su nación. En amores digo pues en lo demás quién más ágiles para comercio y marina, el amor les acomoda sin placeres, la conversación sin gracia y el caminado despacio, saludar, con reverencia; levantarse y sentarse con cuidado, la chanza sin risa, estas son formalidades divinas; pero yo, miserable mortal, que me río de mí misma, de usted, de estas seriedades inglesas, qué mal me iría en el cielo, tan mal como si fuesea a vivir en Inglaterra o Constantinopla, pues me deben estos lugares el concepto de tiranos con las mujeres, aunque no lo fue conmigo, pero si fue más celoso que un portugués, eso no lo quiero yo…

… ¿no tengo buen gusto? Basta de chanzas formalmente y sin reírme y con toda la seriedad, verdad, pureza de una inglesa digo que no me juntaré más con usted. Usted anglicano y yo atea es el más fuerte impedimento religioso, el que estoy amando a otro y no a usted, es el mayor y más fuerte, no ve usted con qué formalidad piensa su invariable amiga.

Manuela

viernes, 2 de marzo de 2012

"¿Quién puede juzgarnos, por amor?"


Carta de amor de Manuela Sáenz a Simón Bolívar:

Lima, a mayo 1 de 1825

A.S.E. General Simón Bolívar

Muy señor mío:

Recibí su apreciable que me disgusta mi ánimo por lo poco que me escribe; además que su interés por cortar esta relación de amistad que nos une al menos en el interés de saberlo triunfante de todo lo que se propone. Sin embargo yo le digo: no hay que huir de la felicidad cuando esta se encuentra tan cerca. Y tan solo debemos arrepentirnos de las cosas que no hemos hecho en esta vida.

Su Excelencia sabe bien como lo amo. Sí ¡con locura!

Usted me habla de la moral, de la sociedad. Pues bien sabe usted que todo eso es hipócrita, sin otra ambición de que dar cabida a la satisfacción de miserables seres egoístas que hay en el mundo.

Dígame usted: ¿Quién puede juzgarnos, por amor? Todos confabulan y se unen para impedir que dos seres se amen. ¿Por qué S.E. y mi humilde persona no podemos amarnos? Si hemos encontrado la felicidad hay que atesorarla. Según los auspicios de lo que usted llama moral, ¿debo entonces seguir sacrificándome porque cometí el error de creer que amaré siempre a la persona con quien me casé?

Usted mi señor lo pregona a cuatro vientos: “El mundo cambia, la Europa se transforma, América también”... ¡Nosotros estamos en América! Todas estas circunstancias cambian también. Yo leo fascinada sus memorias por la Gloria de usted. ¿Acaso compartimos la misma? No las habladurías, que no importunan mi sueño. Sin embargo, soy una mujer decente ante el honor de saberme patriota y amante de usted.

Su querida a fuerza de distancia

Manuela.


martes, 11 de octubre de 2011

"Es injusto su olvido y su silencio "


Bolívar ingresó triunfante en Quito el 16 de junio de 1822. El pueblo lo aclamó entre gritos y aplausos hasta que una mujer, desde un balcón, le lanzó una corona de laureles que accidentalmente le pegó en los ojos. Bolívar levantó su mirada con aires de enojo para ver quien fue el responsable, pero no lo pudo mantener ni un segundo. Ella era Manuela Sáenz, una hermosa mujer ecuatoriana de 25 años.
Esa misma noche los presentaron en un evento ofrecido al Libertador donde Bolívar le dijo:"Señora: si mis soldados tuvieran su puntería, ya habríamos ganado la guerra a España..."Ambos se enamoraron a primera vista, pero hubo un problema, ella estaba casada por arreglo con un prestigio doctor ingles. Manuela no pudo divorciarse, pero tampoco ocultó su amor, y notoriamente se lo informo a su esposo y al resto de la comunidad. 
Manuela siguió a Simón en sus viajes, lo atendió en sus enfermedades, lo ayudó en sus trabajos y hasta le salvo su vida. Sí, ella misma le salvo la vida al mismísimo Simón Bolívar frustrando dos atentados en su contra. Por estas acciones, Bolívar mismo la llamó la "Libertadora del Libertador".
Simón y Manuela fueron amantes durante ocho años hasta la muerte de él en 1856.

Esta es una carta que ella le escribe a él. En la misma plantea si realmente su relación es "inmoral" por el hecho de que estuviese casada por arreglo con un ingles al cual no ama.
Una hermosa carta de amor en donde podemos ver que los libertadores de América, no sólo luchaban por su derecho a vivir en libertad, si no que tambíen, por su derecho a amar en libertad.






Chuquisca, a 17de mayo de 1826

General Simón Bolívar

Estimado señor:

Qué falta de amabilidad tiene usted, pues ya se olvidó (conmigo) de las finezas. Bien es cierto que las grandes ausencias a Ud, no le afectan el ánimo, y las tiene como pretexto para olvidarse de mí. Yo le pregunto: ¿he cometido algún pecado que sea el darle todo mi amor, aun privándome del de mi fortuito marido? Yo digo ¡no basta!

No me he olvidado de las obligaciones que tengo para con usted, o mejor para con el ejército. Pero si tengo que entregar el archivo, será el último día de mi viaje a Londres con James, ya que así lo he determinado. Le confieso que es para mí una decisión terrible; pasarme de los míos y de mi país; porque no sé con qué me voy a encontrar allá. Usted siempre ha dicho que las cosas finas son delicadas y mi amor por usted se encuentra resentido por lo acrisolado de mi sufrimiento de saberlo mío y no de tenerlo junto a mí.

No quiero que usted se forme algún concepto de que yo le hago fuerza para que me ame, si no lo siente de verdad, ¿qué puedo yo esperar? Usted dirá que me quejo demasiado, pero es injusto su olvido y su silencio, y tan solo le pido de favor me permita siquiera verle con los ojos antes de marcharme.

Al único hombre de mi vida,

Suya, Manuela.