jueves, 22 de noviembre de 2012

"Perdóname por el amor que tengo por tí."




Carta de  Juliette Drouet a Víctor Hugo


Mi querido, amado, he aquí esta carta, muy corta por la forma y muy larga de fondo, pues contiene todos mis sentimientos, todo mi corazón. Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, y eso es todo. No es muy cansado para el espíritu y es muy dulce para el corazón – te quiero.

Mi adorado, me has hecho muy feliz, a veces doblemente feliz, pues compartías mi felicidad. No obstante, tengo un sentimiento de tristeza y de inquietud que no me deja casi nunca, que quisiera ocultártelo siempre, pero esta noche desborda mi pecho, es necesario que te lo muestre. Tengo miedo de ser para siempre una pobre chica. Tengo miedo de que esta inacción en la que vivo desde hace un año, acabe en mi ruina ya iniciada por el fracaso de Marie Tudor. Tengo miedo de que tu aparente tranquilidad en lo que concierne a mi carrera dramática no sea considerada como la más formal confesión que no puedo aspirar a un futuro en mi oficio.


Tu posición y la mía vuelven estos temores en verdaderos tormentos que me obsesiona noche y día, que cambian la naturaleza de mi carácter, que destruyen mi coraje y me quitan toda confianza en la duración de nuestra felicidad. Quisiera estar segura que mis temores son solamente meros temores, y entonces retomaría mi alegría y mi resignación con las dos manos. Pero... ¿quién va decirme la verdad sobre el tema? ¿Tu te atreverás? Te ruego de rodillas. Dime la verdad, nada más que la verdad cualquiera que sea, que sepa al menos dónde estoy en lo que toca mi futuro, que sepa de manera segura lo que piensas de mí. Te pido tu opinión en toda consciencia, te la pido con las manos juntas. Prefiero la certidumbre de mi ruina que la duda. Así pues, no te andes con contemplaciones.


He aquí una carta muy corta por la forma, decía al empezar, porque mi intención era terminarla en te quiero. Pero fui arrastrada por la necesidad de abrirte mi corazón, por dejar escaparse mi aflicción y el desaliento que me devoran desde hace tiempo. Perdona mi flaqueza. Hubiera debido esperar a que ya no estés tan ocupado, pero no lo pude. Perdóname por el amor que tengo por tí.


El temor es también parte del amor más apasionado y más delicado. Es cierto.


Juliette

"Cuando estoy triste pienso en ti, como en invierno se piensa en el sol."

 

 

Carta de Víctor Hugo a Juliette

 7 de marzo de 1833

Te amo, mi pobre angelito, bien lo sabes, y sin embargo quieres que te lo escriba. Tienes razón. Hay que amarse y luego hay que decírselo, y luego hay que escribírselo, y luego hay que besarse en los labios, en los ojos, en todas partes. Tú eres mi adorada Juliette.
Cuando estoy triste pienso en ti, como en invierno se piensa en el sol, y cuando estoy alegre pienso en ti, como a pleno sol se piensa en la sombra. Bien puedes ver, Juliette, que te quiero con toda mi alma.
Tenéis el aire juvenil de un niño, y el aire sabio de una madre, y así yo os envuelvo con todos estos amores a un tiempo.

Besadme, bella Juju!



"Tú también me querrás ¿verdad?"

 

 

Carta de Albert Einstein a Mileva Maric

Amada muñequita:

Han transcurrido ya las 3/4 partes del tiempo tonto y pronto volveré a estar con mi tesoro y lo besaré, acariciaré, haré cafecito, reñiré, trabajaré, reiré, pasearé, charlaré...

¡Será un año muy divertido! ¿verdad?
Ya he dicho durante las Navidades que me quedo contigo. No puedo esperar más a tenerte conmigo, mi todo, mi personilla, mi chiquilla, mi mocosilla.
Cuando ahora pienso en ti creo que no quiero volver a enojarte ni a tomarte el pelo nunca más, ¡sino que quiero ser siempre un ángel! ¡Qué hermosa ilusión!
Pero tú también me querrás ¿verdad?, aunque vuelva a ser el viejo bribón lleno de caprichos, diabluras y tan veleidoso como siempre.
No sé si te he escrito con tanta regularidad como antes. No pongas mala cara por eso.
(...) En todo el mundo podría encontrar otra mejor que tú, ahora es cuando lo veo claro, cuando conozco a otra gente. Pero también te aprecio y amo como te mereces. Hasta mi trabajo me parece inútil e innecesario si no pienso que también tú te alegras de lo que soy y de lo que hago.
 
 

"Pueden tomar mi vida, pero no el amor que siento por tí."



Carta de Voltaire a Olimpia Dunover

La Haya 1713
Estoy un preso aquí en el nombre del rey; pueden tomar mi vida, pero no el amor que siento por tí. Sí, mi amante adorable, te veré esta noche, así tenga que poner mi cabeza en un atascadero para hacerlo.
Por el todos los cielos, no me escribas en los términos desastrosos que lo hicisye; debes vivir y ser cautelosa; guárdate de tu madre como de tu peor enemigo. ¿Qué digo? Guárdate de todos; no confíes en nadie; mantente lista, tan pronto como la luna sea visible; saldré del hotel de incógnito, tomaré un carruaje o una silla, y conduciremos como el viento a Sheveningen; Llevaré el papel y la tinta conmigo; escribiremos nuestras cartas.
Si me amas, tranquilízate; y llama toda tu fortaleza y presencia de la mente en tu ayuda; no dejes que tu madre note nada, intenta tener tus cuadros, y está segura de que la amenaza de las torturas más grandes no me impedirá cumplir. No, nada tiene la energía de apartarme de tí; nuestro amor se basa en la virtud, y durará mientras nuestras vidas lo hagan.
Adieu, no hay nada que no afronte por tu bien; mereces mucho más que eso.
¡Adieu, mi corazón querido!

Arout (Voltaire)

"Mi corazón late a lo largo de mi cuerpo entero y sólo es consciente de ti."



Fräulein Felice! 

Te pediré un favor que suena completamente loco, y que yo consideraría como tal si fuera quien recibe la carta. Es también el más grande test al que aún la más amable persona puede ser sometida. Bien, el favor es que me escribas una vez por semana, así tu carta llega el domingo, porque no puedo resistir tus cartas diarias, soy incapaz de resistirlas.
  Por ejemplo, yo respondo una de tus cartas, luego estoy acostado, aparentemente en calma, pero mi corazón late a lo largo de mi cuerpo entero y sólo es consciente de ti.
Yo te pertenezco, realmente no hay otra manera de expresarlo, aunque no es suficientemente adecuada. Por esta importante razón no quiero saber qué estás usando; me confunde mucho y no puedo lidiar con mi vida; y por esto es que no quiero saber que tu me tienes cariño. Si lo hice, ¿cómo pude, tonto de mí, permanecer sentado en mi oficina, o aquí en mi casa, en vez de saltar dentro de un tren con los ojos cerrados y abrirlos solamente cuando esté contigo?
Oh, hay una lamentable, triste razón para no hacerlo. Para ser breve: mi salud es apenas suficiente para seguir solo, pero no es buena para casarme, y dejemos a un lado a la paternidad. Aún cuando leo tus cartas, paso por alto hasta lo que no puede serlo.
¡Si sólo tuviera tu respuesta ahora y cuán horriblemente te atormento, y cómo te obligo, en la quietud de tu cuarto, a leer esta carta, tan desagradable como jamás ha estado en tu escritorio! ¡Honestamente, esto me golpea por momentos y quedo preso como un espectro de tu feliz nombre! Si sólo hubiera despachado carta el sábado, en la cual hubiera implorado que jamás me escribieras de nuevo, y en la cual te hubiera hecho una promesa similar.
Oh Señor, qué me impidió enviar esa carta? Todo estará bien. Pero, ¿hay una solución tranquila ahora? ¿Ayudará si nos escribimos una vez a la semana?
No, si mi sufrimiento puede ser curado por algo semejante, quiere decir que no es serio. Y ya preveo que seré incapaz de soportar aún las cartas dominicales. Y así, para compensar por la oportunidad deesperdiciada el sábado, te demando con la energía que me queda, en el final de esta carta: Si valoramos nuestras vidas, permitámonos abandonar todo.
¿Pienso que debo firmar "tuyo" ? No, nada podría ser más falso. No, yo seré siempre esclavo de mí mismo, eso es lo que soy, y debo tratar de vivir con eso.

Franz

miércoles, 14 de noviembre de 2012

"Abro una ventana para que el viento te traiga hasta aquí."



 Carta de amor de Pablo Neruda  Alberina Rosa

Pequeña, ayer debes haber recibido un periódico, y en él un poema de la ausente (tú eres la ausente). ¿Te gustó, pequeña? ¿Te convences de que te recuerdo? En cambio tú. En diez días, una carta. Yo, tendido en el pasto húmedo, en las tardes, pienso en tu boina gris, en tus ojos que amo, en ti. Salgo a las cinco, a vagar por las calles solas, por los campos vecinos. Sólo un amigo me acompaña, a veces.

He peleado con las numerosas novias que antes tenía, así es que estoy solo como nunca, y estaría como nunca feliz, si tu estuvieras conmigo. El 8 planté en el patio de mi casa un árbol, un aromo. Además traje de las quintas, pensando en ti, un narciso blanco, magnífico. Aquí, en las noches, se desata un viento terrible. Vivo solo, en los altos, y a veces me levanto, a cerrar la ventana, a hacer callar a los perros. A esa hora estarás dormida (como en el tren) y abro una ventana para que el viento te traiga hasta aquí, sin despertarte, como yo te traía.

Además elevaré mañana, en tu honor, un volantín de cuatro colores, y lo dejaré irse al cielo de Lota Alto. Recibirás, querida, un largo mensaje, una de estas noches, a la hora en que la Cruz del sur pasa por mi ventana (...) A veces, hoy, me da una angustia de que no estés conmigo. De que no puedas estar conmigo, siempre.

Largos besos de tu Pablo.

"Si estuvieras con tus hermosos ojos tristes."




Carta de Amor de Pablo Neruda a Albertina Rosa


¿Qué cosa contarte, mi pequeña, para que te diviertas? Es de noche, y estoy alegre, alegre. Solo en mi casa, en mi casa, que es como una torre llena de ventanas por donde miro la noche llena de estrellas.
No siento cansancio del viaje, a pesar de lo accidentado que fue. A medianoche me escondieron debajo de un catre, ahí estuve helándome cinco horas. Luego un carro de tercera. Nada de principesco. Pero llegué, al fin. Vagué toda la tarde por estas calles que tanto he visto. Por las afueras, anduve y traje grandes atados de violetas que por lo hermosas debieran ser para ti. Qué alegría ver este pasto verde, estos cerros oscuros de las nieblas al atardecer, y sentirme yo, yo mismo, libre de tanta tontería, ágil y solo. ¡Ah!, si estuvieras, Albertina. Si estuvieras, ahora, junto a este brasero que me entibia, si estuvieras con tus hermosos ojos tristes, con tu silencio que tanto me gusta, con tu boca que necesita mis besos.
Ven, pequeña. O, por lo menos, piensa en mí.
Uno, dos, tres, cien besos de tu Pablo.


 

miércoles, 7 de noviembre de 2012

"No volverás nunca, lo sé."



 Inessa Armand a Lenin

1913

“Querido:

Estoy en la ciudad de la luz
 y la primera impresión me resulta repugnante. Todo aquí me irrita. Las calles, grises; las mujeres, demasiado arregladas. Cuando llegué a la rue d’Orleans los recuerdos me asaltaban por todas partes. Me he vuelto tan triste que da miedo. Recuerdo mis antiguos humores, mis sentimientos, y es desolador pensar que no volverán jamás. (…) No volverás nunca, lo sé. Me has preguntado si estaba enfadada porque fueras tú quien decidiera la separación. No, no creo que lo hayas hecho por ti.
Voy a los sitios conocidos, y me doy cuenta, como nunca, del gran lugar que tú ocupabas en mi vida, aquí en París. Todas nuestras actividades están llenas de miles de pensamientos tuyos. No estaba todo el tiempo enamorada de ti, pero, sí, te amaba. Incluso ahora podría prescindir de tus besos, pero ojalá pudiera verte. Hablar de vez en cuando contigo sería una alegría tan grande y no le haría daño a nadie. ¿Por qué tengo que renunciar a eso?”


"Me acostumbré un poco a ti..."










Inessa Armand a Lenin

1914

“En Longjumeau, durante el verano en el que había tus traducciones, me acostumbré un poco a ti. (…) Me gustaba escucharte, y más especialmente mirarte cuando hablabas. Primero, tu cara era tan animada y estabas tan absorto que no te dabas cuenta de que te observaba. (…) En aquel momento no estaba enamorada de ti, pero ya te quería mucho.”

domingo, 7 de octubre de 2012

"Edifiqué pequeñas casas de catorce tablas para que en ellas vivan tus ojos."






Carta de amor de Pablo Neruda a Matilde Urrutia

“Señora mía muy amada, gran padecimiento tuve al escribirte estos mal llamados sonetos y harto me dolieron y costaron, pero la alegría de ofrecértelos es mayor que una pradera. Al proponérmelo bien sabía que al costado de cada uno, por afición electiva y elegancia, los poetas de todo tiempo dispusieron rimas que sonaron como platería, cristal o cañonazo. Yo, con mucha humildad, hice estos sonetos de madera, les di el sonido de esta opaca y pura sustancia y así deben llegar a tus oídos. Tú y yo caminando por bosques y arenales, por lagos perdidos, por cenicientas latitudes, recogimos fragmentos de palo puro, de maderos sometidos al vaivén del agua y la intemperie. De tales suavizadísimos vestigios construí con hacha, cuchillo, cortaplumas, estas maderías de amor y edifiqué pequeñas casas de catorce tablas para que en ellas vivan tus ojos que adoro y canto. Así establecidas mis razones de amor te entrego esta centuria: sonetos de madera que sólo se levantaron porque tú les diste la vida.”